Martes verdes: El agua
El agua. Mucha agua. Agua por todas partes. ¡Una de agua! Y toda salada. Y pensar que había locos por ahí que decían que el agua salada no se podía beber, pues no habrán tenido sed, porque si no…
Haciendo balance, la cosa tampoco es para tanto, la verdad. Es más, ¿beneficios?, a cascoporro. Para empezar, desde que no hay agua de esa dulce, los judíos y los palestinos se han dejado de pelear, y con los diez minutos que sobran en el telediario tenemos un sorteo por sms. Yo esta vez consigo el viaje a la playas de Albacete, si no, al tiempo.
Luego está lo de la lluvia esa que había antes. Olvídate. Un solazo todos los días… otros diez minutos ahorrados de telediario. Los vegetarianos, esa es otra, ya no hay. Se acabaron los brócolis, coliflores y demás angustias. Y cómo lo agradecen los chavales, da gusto verlos. Y en San Valentín, la gente, en vez de ramos de rosas, regala panceta, ¡dónde va a parar!
Hombre, no vayáis a pensar que fue fácil el tema de amoldarse a las nuevas tendencias. Siempre que hay un cambio ya se sabe, adaptarse o morir, pero bueno, salvo Bangladesh y un par de miles de millones de personas más, la cosa no fue para tanto. De todas formas, no os preocupéis, la ciencia y la tecnología supieron prever todo esto y dio tiempo de sobra a avisar a todos los turistas antes de la catástrofe. Españoles no cayó ni uno, acaso un par de australianos, pero todo lo demás indios, pakistanís y demás exotismos. Nada fuera del guion habitual.
Hubo, eso sí, un poco de dramatismo. Porque durante una de estas inundaciones, no recuerdo ahora si cuando Java o Sumatra, pensamos que un par de españoles, de Torrelodones ni más ni menos, buena gente, que se habían ido allí de Luna de Miel y tal, menos mal que al final cambiaron los billetes y se fueron a Albacete, que si no… Oye, qué tranquilidad cuando Hilario Pino confirmó que sólo se habían ahogado indonesios de esos.
Luego está el tema del ahorre de costes y las mejoras gastronómicas. Esto es una maravilla. Desde que no hay agua dulce, todo sabe a percebe. Los gallegos encantados, las rías se habrán ido al carallo, pero el pollo sabe como nunca.
Y para encantados, los ecologistas. Mira que todo el día dando la turra con el tema de los envases y que si nos cargábamos el planeta, y a los delfines, y a la rata checoslovaca, y tantas otras cosas. ¿La realidad? Pues desde que no hay agua dulce todo ha ido a mejor. Coca-Cola fabrica la coca-cola con agua salada. ¿Resultado? Nos ahorramos las patatas fritas. Dos por uno, y ahora sí que sí, los niños disfrutan del desayuno de los campeones…
Textos: Miguel Morales Moreno
Ilustraciones: Saray Ugidos Semán





