La Prevención de Riesgos Laborales en tiempos de crisis
Durante estos últimos tres años se ha producido un descenso significativo en el número de accidentes de trabajo respecto a la época precedente. ¿Se podría considerar como un aspecto positivo en cuanto a prevención de riesgos laborales, como ejemplo de una mayor concienciación y una mejor gestión preventiva? Por desgracia, no. Resultan datos engañosos ya que esta considerable bajada de la accidentalidad se debe principalmente a factores como la reducción del número de puestos de trabajo y la disminución de la actividad laboral debido a la crisis.
Por otra parte, la crisis ha conllevado el descenso de ingresos de las empresas, lo que provoca que la gestión preventiva pase a un segundo plano. La mayoría de los recursos se destinan a las áreas de producción en detrimento de la prevención de riesgos laborales, que ha pasado a estar minusvalorada y cuestionada. Se considera un gasto innecesario, no una inversión. Los sindicatos muestran una preocupación generalizada a este respecto ya que la mala situación económica es utilizada como excusa por muchos empresarios con el fin de eliminar sus inversiones en la parte de seguridad y salud en el trabajo.
Otro problema paralelo es que se fomenta que los Servicios de Prevención Ajenos abaraten considerablemente sus costes con la finalidad de resultar atractivos a las empresas, con la consecuente reducción de calidad y efectividad de los mismos. Hay abierta una verdadera guerra de precios que perjudica a dicha calidad de las prestaciones.
Desde el punto de vista preventivo, para los trabajadores esta situación de crisis se traduce en: aumento de la carga de trabajo debido a la reducción de plantillas, lo que supone problemas de sobrecarga física y mental; la aceptación de condiciones laborales inadecuadas para su seguridad y salud, por miedo a perder el trabajo; y situaciones emocionales complicadas, debido a ese temor a ser despedido y a la incertidumbre de cara al futuro, lo que ha incrementado los problemas psicosociales, como la ansiedad o el estrés, en la empresa.
A pesar de la coyuntura económica, la mentalidad que es necesaria inculcar es la de que el dinero dedicado a la prevención de riesgos laborales no es un gasto, sino una inversión. Los empresarios deben interiorizar que, a más de un imperativo legal, se trata de una herramienta de competitividad y productividad y de un compromiso social, ético y moral. La cultura de la prevención es un bien en sí misma.
Alejandro Millán Hernández / Alfredo Millán Hernández
Master en Gestión Integrada EEN
