Fachadas verdes
El actual debate sobre el uso eficiente de la energía ha abierto la puerta a la investigación en diversos campos.
La principal problemática al respecto se debe a la alta demanda energética por parte de la sociedad en los países desarrollados y a la creciente demanda por parte de los países en vías de desarrollo. Además de destacar la alta dependencia energética de los países desarrollados sobre todo en cuanto al petróleo y el gas. Por eso, cada vez son más las vías de investigación que buscan encontrar fuentes energéticas autóctonas y sostenibles. En este sentido, destaca el desarrollo de la energía eólica, solar (tanto fotovoltaica como térmica) o geotérmica entre otras.
Pero existe otra alternativa menos conocida a nivel general y que desarrollaré en este artículo.
En España, y sobre todo países de Europa del norte, se ha observado una clara tendencia al desarrollo de la arquitectura bioclimática.
Este tipo de arquitectura se basa en tres pilares fundamentales:
- Ecológico: iluminación natural, ciclo del agua, etc.
- Materiales: uso de materiales naturales, reciclados, etc.
- Energético: que en el área mediterránea se traduce en el aprovechamiento del sol y de la ventilación.
Las actuales líneas de investigación en cuanto a arquitectura bioclimática estudian y desarrollan la instalación de cubiertas y fachadas verdes en los edificios. De este modo, se han llevado a cabo experimentos en prototipos de edificios para intentar verificar la eficacia del uso de este tipo de estructuras.
Y es que, aunque lo que más se ha venido desarrollando hasta ahora ha sido la instalación de cubiertas o fachadas vegetales con fines meramente estéticos, es posible considerar su instalación desde un punto de vista energético.
El principal problema que presenta es que existe mucha dificultad para demostrar empíricamente la eficacia de los estudios realizados al respecto ya que la mayoría de ellos se han realizado mediante cálculos teóricos o simulaciones basadas en cálculos teóricos y existe una gran dificultad para calcular realmente dichas simulaciones ya que en edificios reales las pérdidas o ganancias energéticas se deben a multitud de factores y es sumamente difícil calcular qué porcentaje de éstas se deben exclusivamente al aislamiento.
Además, otro problema que ha surgido en países del sur de Europa se debe a que las especies vegetales utilizadas se han importado de países del norte de Europa sin haberse adaptado previamente al clima mediterráneo continental.
Sin embargo, en mi opinión, la utilización de vegetación, ya sea en cubierta o en fachadas, bien diseñada y gestionada, puede resultar una herramienta muy útil de regulación térmica de edificios (con el consiguiente ahorro energético que conlleva).
Dicha regulación se puede producir hasta de cuatro maneras diferentes:
- Aislante térmico: debido a la densidad del follaje, el efecto barrera del viento, la modificación de las características del sustrato intermedio, etc.
- Efecto sombra: según la densidad del follaje.
- Enfriamiento evaporativo: dependiendo del tipo de planta, la exposición, el clima y la velocidad del viento.
- Variación del efecto del viento: en función de la densidad y penetrabilidad del follaje y la orientación de la fachada.
Así pues, considero que es una línea de investigación muy interesante que debería continuar desarrollándose. Este tipo de recubrimientos vegetales se presentan como una “alternativa natural” para conseguir una mayor regulación térmica en los edificios y así contribuir a un considerable ahorro energético.
Alfredo Millán Hernández
Responsable de medio ambiente Novotel Madrid Puente de la Paz






