Domingo, 20 de mayo de 2012

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La crisis

Durante siglos el ser humano estuvo agobiado buscando respuestas. Inventado, escondiendo, disfrazando e imaginando porqués cuando alguno de sus semejantes le cuestionaba alguna tropelía. Algunas de estas respuestas eran verdaderas maravillas, simplemente obras de arte. No me puedo imaginar la cara del primer compatriota caritativo, ¿Y para qué esta limosna? Nada, tranquilo, cosas de Dios. Ahí es nada…

Menos mal que llegó la Crisis. Así, con mayúsculas. Y nos olvidamos de excusas y explicaciones baratas, la Crisis era, y es, la respuesta para todo. ¡Qué alivio! ¿Verdad? A ver si no cómo le explica luego uno a la típica ONG, de esas tan pesadas, de las que se dedican a salvar niños y demás cosas, que se acabó la financiación, que ya no “sobra” para tonterías. Un poquito de por favor señores, que hay tener un poco de austeridad. No se puede ir gastando a lo loco. Fíjense en nosotros. Hagan un esfuerzo.

Y es verdad, si por algo fuimos felices fue por la Crisis. Qué despreocupación, qué alegría, al fin y al cabo, mañana iba ser peor…

Pero nos dio la mejor de las respuestas, nos dio el porqué. Ya podías liarla parda, que la Crisis te sacaba del atolladero. Mira que no hay dinero para tu operación, vete olvidando, te vas a tener que morir. Pero, ¿qué me dices? ¿Y eso? Ya ves macho, es que la Crisis…

O ésta otra; Oye, que ya lo siento, que las vacunas esas en las que quedamos…, no va a poder ser. Pero, ¿qué me dices?, si entre los precios de los alimentos y la sequía…no va a llegar la gente a octubre. Ya macho, pero es que la Crisis…Hay que ahorrar. ¿Ahorrar? ¿En qué? ¿En gente? (Y así, encogiéndote de hombros) Qué no te haces idea, qué está muy mal la cosa.

Y no sólo servía en los ámbitos triviales de la vida, también iba perfecta para el día a día. Que llegaba uno trompa perdido a casa, no pasaba nada. Según saltaba tu enfurecida madre con él: te parecerá bonito, un lunes y a estas horas… Salías tú con: es que la Crisis…y solucionado. Ay si hijo, la cosa está muy mal, está muy mal la cosa…

Por eso, la mañana que iba al trabajo y me encontré con Manuel, compañero de carrera, cagado de frío, echándose el aliento en las manos y pegando pisotones para entrar en calor, me extraño tanto. ¿Cómo estás Manuel? Ya ves, oye, ¿no me invitaras a un café caliente?, pasé la noche al raso y estoy roto de frío. Ya en el bar, con la voz alegre por primeras en vez en días, pido café, churros, porras, un par de tostadas, dos cafés más y un par de chupitos. Manuel me mira confuso. No hacía falta, con un café sólo…Nada déjate de tontás. Y todavía al pobre se le pasa por la cabeza preguntar el porqué…Cago en la leche Manu, qué no te enteraste, ¡qué estamos en Crisis…!

Texto: Miguel Morales Moreno


Martes verdes: La estadística

Las cosas no están tan mal. ¿Verdad? Hay multitud de motivos para la esperanza, sólo hay que hacer caso a Coca-Cola y mirar las estadísticas. “Por cada científico diseñando un arma nueva, hay un millón de mamás haciendo un pastel de chocolate”. Se queda uno mucho más tranquilo. ¿A quién no le gustan los pasteles de chocolate de las mamás? Ciertamente, los pasteles de chocolate de las mamás son geniales, nunca pasan de moda, lástima que no les pase lo mismo a las armas. Pero bueno, ya se sabe, renovarse o morir.

La estadística es la respuesta adecuada a cualquier desánimo que le pueda cundir a uno. Háganme caso, cuando las cosas se vean un tanto mustias, échenle un ojo al periódico, a esas páginas naranjitas que hay por el medio. Mano de santo. Después de hacerlo, la desaparición de las ballenas, del Amazonas o del cangrejo moteado libanés les parecerá insignificante, cuando no deseable.

“Por cada arma que se vende en el mundo, 20.000 personas comparten una Coca-Cola”. Lo que no sabemos es cuántas de ellas están ahorrando para comprarse un arma y dejar de tener que compartir la Coca-Cola.

Ese es el maravilloso poder de las estadísticas, consiguen romper por completo la lógica matemática. Si usted le dijera a un fumador que fumar multiplica de forma desmesurada la posibilidad de sufrir infinidad de cánceres a cada cual más desagradable lo más seguro es que le mandara a freír espárragos. De algo hay que morir. Más malo es que te atropelle un autobús.   Habrá algún escéptico quizás. No me creo nada, eso es un invento de vaya usted a saber qué organización la mar de maligna y con mucho tiempo libre. Pero dejar de fumar, no, de eso olvídese, por lo menos hasta el primer, y a veces último, sustito.

Ahora, todo cambia si le preguntara a la misma persona si está dispuesta a apostar todo su dinero contra usted con el 60% de las posibilidades a su favor ¿Lo haría? ¿Y usted? Al fin y al cabo la expectativa matemática es positiva. Hombre, quizás el 60% no le parece suficiente margen, ¿el 80% tal vez? No, ni siquiera. La posibilidad de perder es demasiado dolorosa, sólo estando completamente seguros de nuestra derrota tenemos la capacidad de despreocuparnos, aceptar la apuesta y decidir que más malo es que te atropelle un autobús, que de algo hay que morir o que el cambio climático y todas esas cosas que andan diciendo por ahí son una conspiración de alguna organización la mar de maligna y con mucho tiempo libre. El ser humano es así de maravilloso. En fin, me voy al bar a por tabaco.

Miguel Morales Moreno


Martes verdes: El lugar donde “elegimos” vivir.

Ciudad. Ciudades. Ya todo es ciudades. Inmensas y maravillosas, con montones de luces, neones y chiribitas para que nadie se sienta nunca solo. Así, si un día, en mitad de la fila de gente que avanza y la fila de gente que viene, se te cae un poquito el ánimo, sólo tienes que alzar la vista y mirarla. Y allí está ella. Siempre. Sonriéndote. Y al momento notas como te sube la felicidad en pequeñas y dulces burbujitas. Qué guapa es la chica de la Coca- Cola.

Y pensar que antes la gente vivía en pueblos, aldeas y demás extravagancias rurales. Me duele la eficiencia de sólo imaginarlo. Todavía queda algún testimonio de aquellos hábitats. Los niños los visitan en las excursiones del colegio. Es importante que conozcan como no hay que hacer las cosas. Algunos, los más recónditos, los utiliza Hollywood para rodar películas de terror. ¿Se imaginan dormir en la oscuridad? ¡Y en silencio!, sin el murmullo de los coches y las nanas de las ambulancias. Escalofriante.

Verdaderamente, vivir en el ámbito rural era antinatural. El tiempo, por ejemplo. ¿Qué hacían con el tiempo? ¿Qué hacían con tanto tiempo? Cualquier ridiculez, seguro que hasta conocían a sus vecinos. ¿Y qué hacían? ¿Hablar? No se entiende, si me dijeran al menos que no tenían televisión.

Nosotros nos olvidamos de hablar, eso es de pobres, preferimos conducir. Y el tiempo es oro. Por eso prohibimos el transporte público. Colapsaban las ciudades. Vamos, es que no había autobusero que utilizara las marquesinas para detenerse sin interrumpir el tráfico.  Al final tardaba uno lo mismo andando que en coche. Y eso si que no puede ser. Quitamos los semáforos. Los pasos de cebra los dejamos, enigma histórico, todavía nos preguntamos para qué servían.

Durante un tiempo hubo grandes problemas de aparcamiento. Se solucionaron rápido, en cuanto aplicamos la lógica matemática. Qué necesitamos, parkings. Qué nos sobra, parques. Las matemáticas es lo que tienen, son una ciencia exacta.

Texto: Miguel Morales Moreno


Martes verdes: La Cumbre: Energía, fuente de Vida II. El Legado.

 

El problema era la dependencia estratégica. Es decir, conseguir que los demás sean estratégicamente dependientes. ¿Cómo? Bueno, lo fundamental es no ser dependiente de los otros y luego ya, si se puede, que los otros sean dependientes de nosotros. Y los otros son todos los que no somos nosotros, salvo los otros que tampoco son como los otros, los que son menos otros, vamos. En la diplomacia, ya se sabe, lo importante es tener las cosas bien claras desde el principio.

Vale más el fracaso ajeno que la victoria propia. La Doctrina Clemente, que se dice. No se ponían de acuerdo ni en el menú. Si los chinos preguntaban la hora, los alemanes respondían que de tallarines nada, que una de veto, que ellos querían típicos platos alemanes, kebabs, falafel,… ¿Y de postre? Paella.

Cada vez que los rusos hacían un brindis, los japoneses pedían permiso para ir al servicio. Los americanos, los de verdad, los de Estados Unidos, se ausentaban cada dos por tres de las mesas para sacar a pasear a sus perritos, Inglaterra e Israel. ¡Más lindos! ¿Y nosotros? Pues lo de siempre, de camareros. Ahora, mereció la pena sólo por ver la cara de los franceses cuando les tocó en la mesa de los niños.

Y cuando todo parecía perdido, llegó la solución. Bueno, en verdad estuvo ahí todo el tiempo. Sólo que sus dueños tardaron más de la cuenta en repartir los kínder sorpresa. Ya con el juguetito en las manos, los ánimos se calmaron y el acuerdo fue posible.

¿Qué les parece una energía cuya instalación sea tan costosa que sólo los países serios puedan optar a ella? Primeras miradas de aprobación. ¿Y qué les parece una energía que dé el miedo suficiente para que todo el mundo vea muy normal que sólo los países serios tengan acceso a ella? El G-8 encantado. El FMI dando saltos. El problema de la dependencia estratégica atado y bien atado.

Pero no sólo eso. Pero cómo, ¿qué hay más? Mucho más. ¿Qué les parece una energía que garantice unos residuos tan a largo plazo y tan peligrosos que aseguren trabajo y empleo durante generaciones y generaciones? Y para que luego digan que no pensamos en los países subdesarrollados, no hay ningún inconveniente en llevar estos residuos tan simpáticos a los lugares más desfavorecidos. Justicia social a lo loco. ONG Radiactividad sin Fronteras, porque lo que a ti te sobra a otro más pobre no le queda más remedio que comérselo. ¿Alguien da más? Pues además es muy segura, tan segura que los problemas son un final seguro…

 

Texto: Miguel Morales Moreno

Ilustración: Saray Ugidos Semán


Martes verdes: Energía, fuente de toda vida.

 

¿Quién dijo que el petróleo se acabaría? ¿Eh? ¿Quién fue? Cenizo cabrón.  Pues sí, el petróleo se acabó. Estaréis contentos. Putos hippies. Bueno, no es que se acabara del todo, lo que pasa es que en tan caro que se ha convertido en un producto de hipermegalujo, como las lechugas o la pasta de dientes.

Se sigue utilizando en joyería y horterismos variados, por lo que sólo tienen acceso a él la cream de la cream de la sociedad: futbolistas, raperos, proxenetas, traficantes, etc. Esa gente que, no sólo es mejor que tú, sino que además tiene el gesto de anunciártelo gráficamente, ya sea en plan tatuaje o con una enorme lata de petróleo colgando de su cuello. “Respect”.

El caso es que, o tenías apodo de animal, o se te conocía por tu gentilicio o tu nombre eran un par de iniciales guión número o no tenías petróleo. Ni más ni menos. Ha de quedar claro que se intentó todo. Durante un tiempo se extrajo petróleo de todo lo que se movía. El Amazonas, las selvas africanas, las asiáticas, la Casa de Campo, etc. Se apechugaba todo bien, se cocía y salía algo de petróleo. La cosa no fue mal del todo, tuvimos un par más de años de Fórmula 1 y dejamos la Tierra como una patena. Lo malo es que perdimos los documentales. Qué penita de siestas.

La cosa pintaba mal. El coche eléctrico se aparecía en todas nuestras pesadillas. La calefacción se limitó a los meses de invierno, otoño y mitad de primavera, ¡y sin horario ininterrumpido! Incluso nos obligaron a utilizar bombillas de bajo consumo. ¡De bajo consumo! El fin del mundo nunca estuvo más cerca.

Y justo antes de que cundiera el pánico, la ONU convocó una cumbre mundial. Uf, qué tranquilidad. Energía, fuente de toda la vida, la llamaron. Y para dar ejemplo, gastaron todas las reservas del país de acogida en los espectáculos de variedades correspondientes. Menos mal que fue en un país del hemisferio de abajo, si no la muerte de tanta gente habría eclipsado sus grandes logros al invierno siguiente.

El procedimiento fue el habitual. Se dejó hablar a todo el mundo y luego decidió Estados Unidos. Menos mal, porque si no sabe Dios qué habría pasado. La cuestión era: ¿De dónde sacamos la energía? ¡De las energías renovables! A poco estuvo de suspenderse la cumbre del ataque de risa. ¿La solución? La próxima semana, que la cumbre es a gastos pagados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Miguel Morales Moreno

Ilustración: Saray Ugidos Semán


Martes verdes: …ya inventarán algo

Bueno, no te preocupes, hombre. Ya inventarán algo.

Sí. La vida era fácil al inicio del siglo XXI. Ya podía venir el científico de turno con las previsiones más catastrofistas del mundo de aquí a mañana que el personal ni se inmutaba.

- “Tú tranquilo, Gutiérrez. Qué calentamiento ni qué calentamiento. Ya inventarán algo, hombre. Tú no te preocupes. Mira, ahora según te estoy diciendo esto, mi hijo Manolín está con una beca desarrollando no sé qué cosas de energías solares de esas. Calculan que de seguir así para el 2010 ya estarán produciendo energía a toda pastilla. Pues no ves que tenemos sol para dar y regalar. Claro, hombre. Y si no es con esa, pues será con otra. Si mientras siga habiendo becas de investigación…”

La confianza, qué digo confianza, la fe en la tecnología. Qué gran invento la fe en la tecnología. No quiero ni pensar que hubiéramos hecho de no tenerla. ¿Se imaginan? Que si coches eléctricos, que si agricultura ecológica, que si desarrollo sostenible, en fin, un desastre.  Y tampoco era la cosa para tanto. Vamos, que con un poquito de capacidad de adaptación y cuatro inventillos de nada la cosa quedó más o menos resuelta. Ahora, el que no se adaptó a tiempo… Darwinismo social que lo llaman.

Estaba el tema de las vacas por ejemplo. Siempre que se hablaba de emisiones por aquí, emisiones por allá, salían los típicos vegetarianos y, con el sadismo y la crueldad que les caracterizaba como raza, empezaba a meterse a destajo con las pobres vacas. Y todo porque las vacas generan metano a cascoporro. Como si el metano no fuera útil. Pero si tiene más aplicaciones que un I-Phone. Cuestión de revisar el término ordeñar…

¿La solución? Dejar de criar vacas. Empezar a plantarlas. Agricultura intensiva. De una hectárea  salen al año vacas como para dos McDonalds, gas natural a chorro y casi dos litros de leche. Una ganga. Además es un proceso bien sencillo. Se agarra la cría, se entierra de la mitad para arriba,  un par de tubos, uno de entrada y otro de salida, y a correr. En seis meses tienes un ejemplar listo para consumo. Y no sólo eso, gracias a los estrictos controles de alimentación no hay ni que llevarlas al matadero.  Mueren infartadas. Si son todo ventajas. Y si no, pregunten a los vegetarianos…

Textos: Miguel Morales Moreno

Ilustraciones: Saray Ugidos Semán


Martes verdes: Consumir. Fuente de vida

Consumir. Como si no hubiera mañana. Consumir, pero consumir con criterio y responsabilidad. Porque si la gente consumiera sólo las cosas que necesitara, ¿qué sería de nuestra sociedad? ¿En qué nos convertiríamos? ¿Sinceramente? En animales, nos convertiríamos en animales, ni más ni menos.

Consumir. Como si no hubiera mañana. Consumir, pero consumir ahora y para ahora. Cualquier cosa que se consuma en más de una semana no es consumo, es especulación. Afortunadamente las leyes pusieron fin a la carroña ahorradora. El primer artículo de nuestra Constitución Pseudo-Europea así lo dice: queda terminantemente prohibido no gastarse el sueldo del mes. Pobres alemanes, qué sudores pasan, cualquier día los echamos de la Unión, que aprendan de nosotros, que a día diez ya tenemos los deberes hechos.

Consumir. Como si no hubiera mañana. Consumir, pero consumir nuevo. Aunque nuevo signifique igual pero con distinto nombre, o nuevo igual con mismo nombre pero distinto apellido numérico. Afortunadamente Steve Jobs, en el primer aniversario de su resurrección, pensó en todos nosotros, y para que entendiéramos bien lo que significa nuevo, diseñó los chips de batería electrónica 2.0, ahora con más autonomía, se destruyen solos a los tres días.

Consumir. Como si no hubiera mañana. Consumir, pero consumir en masa, uno nunca es suficiente. Es más, uno es malo. ¿Dos? de pobres y marginados. ¿Tres? Deprimente clase media…

Estos cuatro principios tan simples y satisfactorios nos permitieron seguir adelante y mejorar día a día. Hubo algunas voces discrepantes, sobre todo con el tema de las materias primas y que si consumiendo así no habría para todos y tal, pero no tenían WhatsApp…

Las materias primas. ¡Qué primas las materias! Y que primos los que pensaban, y sobre todo los que decían, que las materias primas se acababan. Panda de hippies. Pero vamos a ver angelitos, que se acababan ¿para qué? O mejor dicho ¿para quién? Porque a uno sólo se le acaban las cosas si ya las ha tenido antes, vamos digo yo. Que se nos acaba la comida, que se nos acaba la madera, ¿pero las habéis tenido alguna vez? Es que lo mismo nunca os enterasteis de que siempre fueron nuestras. O como decía el maestro en estos casos: Stay Hungry Foolish!!

 

Fuente: Tec.nología.com

 Textos: Miguel Morales Moreno


Martes verdes: El agua

El agua. Mucha agua. Agua por todas partes. ¡Una de agua! Y toda salada. Y pensar que había locos por ahí que decían que el agua salada no se podía beber, pues no habrán tenido sed, porque si no…

Haciendo balance, la cosa tampoco es para tanto, la verdad. Es más, ¿beneficios?, a cascoporro. Para empezar, desde que no hay agua de esa dulce, los judíos y los palestinos se han dejado de pelear, y con los diez minutos que sobran en el telediario tenemos un sorteo por sms. Yo esta vez consigo el viaje a la playas de Albacete, si no, al tiempo.

Luego está lo de la lluvia esa que había antes. Olvídate. Un solazo todos los días… otros diez minutos ahorrados de telediario. Los vegetarianos, esa es otra, ya no hay. Se acabaron los brócolis, coliflores y demás angustias. Y cómo lo agradecen los chavales, da gusto verlos. Y en San Valentín,  la gente, en vez de ramos de rosas, regala panceta, ¡dónde va a parar!

Hombre, no vayáis a pensar que fue fácil el tema de amoldarse a las nuevas tendencias. Siempre que hay un cambio ya se sabe, adaptarse o morir, pero bueno, salvo Bangladesh y un par de miles de millones de personas más, la cosa no fue para tanto. De todas formas, no os preocupéis, la ciencia y la tecnología supieron prever todo esto y dio tiempo de sobra a avisar a todos los turistas antes de la catástrofe. Españoles no cayó ni uno, acaso un par de australianos, pero todo lo demás indios, pakistanís y demás exotismos. Nada fuera del guion habitual.

Hubo, eso sí, un poco de dramatismo. Porque durante una de estas inundaciones, no recuerdo ahora si cuando Java o Sumatra,  pensamos que un par de españoles, de Torrelodones ni más ni menos, buena gente, que se habían ido allí de Luna de Miel y tal, menos mal que al final cambiaron los billetes y se fueron a Albacete, que si no… Oye, qué tranquilidad cuando Hilario Pino confirmó que sólo se habían ahogado indonesios de esos.

Luego está el tema del ahorre de costes y las mejoras gastronómicas. Esto es una maravilla. Desde que no hay agua dulce, todo sabe a percebe. Los gallegos encantados, las rías se habrán ido al carallo, pero el pollo sabe como nunca.

Y  para encantados, los ecologistas. Mira que todo el día dando la turra con el tema de los envases y que si nos cargábamos el planeta, y a los delfines, y a la rata checoslovaca, y tantas otras cosas. ¿La realidad? Pues desde que no hay agua dulce todo ha ido a mejor. Coca-Cola fabrica la coca-cola con agua salada. ¿Resultado? Nos ahorramos las patatas fritas.  Dos por uno, y ahora sí que sí, los niños disfrutan del desayuno de los campeones…

 

Textos: Miguel Morales Moreno

Ilustraciones: Saray Ugidos Semán


Martes verdes: …y llegó el cambio climático

Bueno, pues el caso es que al final el cambio climático llegó. Vino con retraso eso sí, se le esperaba un lunes y no apareció hasta el jueves siguiente, pero la espera mereció la pena. ¡Jesús la que lió! Oye, se puso el tío a cambiar costas y litorales que ríete tú del pozero en sus tiempos buenos.
Lo malo es que, lo que al principio podía parecer curioso, incluso entretenido a veces, acabó desembocando en un petardo de mucho cuidado. No es agradable salir del agua en la playa y ver que ya no hay playa, ni chiringuito ni toalla. Se le amargan a uno las vacaciones. Vamos, es que todo el año ahorrando para una semana en un resort de Matalascañas y llegas allí y menudo desastre, y luego encima tener que aguantar a Gutiérrez en la oficina, te lo dije, que Huelva ya no vale para nada, Albacete, Martínez, ¡Al-ba-ce-te!
Pero bueno, vayamos por partes. No penséis que esto fue un vini vidi vinci, qué va. Costó lo suyo. Eso sí, no se le puede reprochar nada a la gente, todo el mundo se esforzó al máximo. Y mira que podíamos haber optado por lo fácil, tirar de energías renovables de esas, utilizar el transporte público, escalofríos me dan de sólo pensarlo, o qué sé yo, reciclar. Pero el mundo se mantuvo firme en sus convicciones, no nos dejamos seducir por cantos de sirena, no señor, y así, poco a poco, catástrofe ecológica tras catástrofe ecológica, depósito tras depósito, llegó el cambio climático, el deshielo y todas esas cosas que poco a poco iremos contando.
Una de las cosas que fue necesario cambiar fue el tema de la conciencia social ante las catástrofes naturales y sus responsables. Antes, como que estaba mal visto montar una catástrofe natural, ¿no? O sea que, alguien estrellaba su petrolero en mitad de una reserva natural o se le escurrían de su fábrica unas toneladitas de metales pesados sobre un criadero de focas, uhm qué ricas las crías de focas, y la gente y la prensa le decían cosas como malo, buhh, eso no se hace. Incluso, durante un par o tres de años, se hizo una ley, que vale que nunca se cumplía, pero que decía algo así como que “el que contamina paga”. De locos, cómo entonces iba la gente a contaminar. Menos mal que rápidamente entendimos que si se culpaba a alguien por contaminar estábamos lastrando nuestra competitividad, si no apechugábamos todos con los daños, ¿quien se iba a atrever a crear riqueza?
El problema fundamental era que no se reconocía lo suficiente a los responsables de las catástrofes naturales, ni siquiera para mal. Ya la podías liar parda, a lo máximo te dedicaban una semana en las noticias y luego a otra cosa mariposa. A los tres meses nadie se acordaba de tu obra, no había reconocimiento alguno, no había competición. Así era imposible. Ahora tenemos la Big Cup of Contamination. ¡Qué espectáculo! ¡Qué pasión! ¡Qué emoción¡ Me río yo de los Federer- Nadal.

 

¿Qué le dice la Tierra a Marte? ¡Bebe, bebe, que el siguiente eres tú!

Textos: Miguel Morales Moreno

Ilustraciones: Saray Ugidos Semán


La Sanidad Pública SÍ es de Calidad

El premio Europeo a la Excelencia, y el modelo que lo sustenta, surgen a finales de los años ochenta como la respuesta de las empresas europeas a los grandes avances de las corporaciones orientales, cuya gestión les había permitido afianzarse en los mercados. Este modelo se conoce como Modelo EFQM (European Foundation for Quality Manegement), y su objetivo es promover las mejores prácticas para alcanzar así la Excelencia.

Basado en los principios de la Gestión de la Calidad Total, su filosofía consiste en la satisfacción del cliente y del personal y en promover la aceptación social de la empresa. El camino hacia la Excelencia está marcado por una serie de conceptos fundamentales:

-          Orientación hacia los resultados

-          Orientación al cliente

-          Liderazgo y constancia en los objetivos

-          Gestión por procesos y hechos

-          Desarrollo e implicación del personal

-          Aprendizaje, innovación y mejora continua

-          Desarrollo de alianzas y responsabilidad social

A estos conceptos se une el de la autoevaluación exhaustiva de la empresa. Esta autoevaluación permite identificar los puntos fuertes y las áreas de mejora del modelo de gestión y, además, al ser el propio personal el que la realiza, garantiza la generación de la energía interna necesaria para su superación. Si a todo esto unimos que se trata de un sistema circular, que utiliza los resultados obtenidos para marcar nuevos objetivos y metas, dirigiéndose siempre a la mejora de los resultados con la satisfacción del cliente interno y externo y manteniendo un compromiso con la sociedad, obtenemos una herramienta fundamental para el correcto desarrollo de cualquier empresa. ¿También para las públicas? ¿Es posible, o deseable, la aplicación de los sistemas de calidad EFQM en empresas públicas, como por ejemplo la educación o la sanidad? ¿Y se hace?

Equipo de Atención Primaria del Centro de Salud de La Alamedilla (Salamanca)

En el año 2000, la Gerencia Regional de Salud de la Junta de Castilla y León, como parte de su política de mejora de la calidad de todos sus servicios, decide iniciar su incursión en este modelo y propone a tres centros de salud de la comunidad realizar el proyecto piloto. Estos son Belorado (Burgos), Gamazo (Valladolid) y La Alamedilla (Salamanca). En el año 2003 esta apuesta se hace más fuerte al publicarse la Guía de Autoevaluación en Atención Primaria.

El equipo de Atención Primaria del Centro de Salud de La Alamedilla realiza en el año 2003 su segunda autoevaluación, en las que identifica 97 puntos fuertes y 121 áreas de mejora que, tras agrupación y priorización, se convierten en 5 áreas de mejora sobre las que se actúa. La adopción del modelo es clara, sus resultados no se hacen esperar. En el año 2008, tras repetir el procedimiento de autoevaluación, se presentan sus resultados ante la certificadora AENOR, que otorga al Equipo de Atención Primaria (EAP) el sello de Compromiso con la Calidad Total 200+. Dos años más tarde se repite el proceso. Esta vez los resultados son distintos, AENOR concede al EAP de La Alamedilla el sello de plata de la EFQM 400+. Esto sitúa al EAP de La Alamedilla como centro de referencia en Castilla y León en lo que a calidad se refiere, conjuntamente con el EAP del Centro de Soria Norte (500+) y el de San Esteban de Gormaz (300+).

¿Qué significan estos resultados? Basta decir que el objetivo del sistema EFQM, así como del conjunto de los sistemas de calidad, no es otro que la satisfacción de las necesidades del cliente, y que, en el caso de la Sanidad, los clientes somos todos. Por ello, proyectos como el llevado a cabo por el EAP de La Alamedilla marcan el camino a seguir en el futuro por el conjunto de la Sanidad Pública y garantizan, gracias al compromiso y trabajo de todos los profesionales que forman los equipos, el correcto funcionamiento de la Sanidad Pública, que en La Alamedilla, y muchos otros centros de toda Castilla y León y España, SÍ es de calidad.

Miguel Morales Moreno

Master en Gestión Integrada EEN