La crisis
Durante siglos el ser humano estuvo agobiado buscando respuestas. Inventado, escondiendo, disfrazando e imaginando porqués cuando alguno de sus semejantes le cuestionaba alguna tropelía. Algunas de estas respuestas eran verdaderas maravillas, simplemente obras de arte. No me puedo imaginar la cara del primer compatriota caritativo, ¿Y para qué esta limosna? Nada, tranquilo, cosas de Dios. Ahí es nada…
Menos mal que llegó la Crisis. Así, con mayúsculas. Y nos olvidamos de excusas y explicaciones baratas, la Crisis era, y es, la respuesta para todo. ¡Qué alivio! ¿Verdad? A ver si no cómo le explica luego uno a la típica ONG, de esas tan pesadas, de las que se dedican a salvar niños y demás cosas, que se acabó la financiación, que ya no “sobra” para tonterías. Un poquito de por favor señores, que hay tener un poco de austeridad. No se puede ir gastando a lo loco. Fíjense en nosotros. Hagan un esfuerzo.
Y es verdad, si por algo fuimos felices fue por la Crisis. Qué despreocupación, qué alegría, al fin y al cabo, mañana iba ser peor…
Pero nos dio la mejor de las respuestas, nos dio el porqué. Ya podías liarla parda, que la Crisis te sacaba del atolladero. Mira que no hay dinero para tu operación, vete olvidando, te vas a tener que morir. Pero, ¿qué me dices? ¿Y eso? Ya ves macho, es que la Crisis…
O ésta otra; Oye, que ya lo siento, que las vacunas esas en las que quedamos…, no va a poder ser. Pero, ¿qué me dices?, si entre los precios de los alimentos y la sequía…no va a llegar la gente a octubre. Ya macho, pero es que la Crisis…Hay que ahorrar. ¿Ahorrar? ¿En qué? ¿En gente? (Y así, encogiéndote de hombros) Qué no te haces idea, qué está muy mal la cosa.
Y no sólo servía en los ámbitos triviales de la vida, también iba perfecta para el día a día. Que llegaba uno trompa perdido a casa, no pasaba nada. Según saltaba tu enfurecida madre con él: te parecerá bonito, un lunes y a estas horas… Salías tú con: es que la Crisis…y solucionado. Ay si hijo, la cosa está muy mal, está muy mal la cosa…
Por eso, la mañana que iba al trabajo y me encontré con Manuel, compañero de carrera, cagado de frío, echándose el aliento en las manos y pegando pisotones para entrar en calor, me extraño tanto. ¿Cómo estás Manuel? Ya ves, oye, ¿no me invitaras a un café caliente?, pasé la noche al raso y estoy roto de frío. Ya en el bar, con la voz alegre por primeras en vez en días, pido café, churros, porras, un par de tostadas, dos cafés más y un par de chupitos. Manuel me mira confuso. No hacía falta, con un café sólo…Nada déjate de tontás. Y todavía al pobre se le pasa por la cabeza preguntar el porqué…Cago en la leche Manu, qué no te enteraste, ¡qué estamos en Crisis…!
Texto: Miguel Morales Moreno







